Coincidencias y Discrepancias

Prejuicios e Incomprensiones

Toda sociedad desarrolla, según Fromm, un sistema de categorías que determina las for-mas de conciencia. En cuanto nos internamos en el corazón de un universo filosófico-religioso diferente al nuestro, comenzamos a darnos cuenta en qué medida y con cuanta profundidad nuestra actitud occidental, nuestro pensamiento científico… están moldeados por nuestros puntos de vista judeo-cristianos y por los modelos operativos propios de Occi-dente. Esta concepción se define en sus ideas filosóficas y metodológicas por un concepto personal de la divinidad. Esta creencia supone una barrera a la hora de entender la noción no-teísta del budismo. La inmediata respuesta desde el ámbito occidental es afirmar que el budismo es ateo.
Otra importante barrera es la creencia en un único dios planteada por el cristianismo. En el mundo oriental el politeísmo se manifiesta como una creencia religiosa auténtica y como una práctica viviente de culto, aunque también en el subcontinente surgió una tendencia hacia el monoteísmo: muchos hindúes enseñan que por encima de todos los dioses perece-deros hay un señor del universo inmutable e imperecedero.
Ni en el pensamiento hindú ni budista se contempla la creencia, esencial en nuestro pen-samiento cristiano, en la diferencia básica existente entre el creador y el resultado de su actividad creadora.
La meditación perdió su importancia en las prácticas del cristianismo como una disciplina espiritual y ascética. Este tiene un papel fundamental en el seno del hinduismo y budismo.
Papel negativo que ha jugado la magia, superstición y hechicería en el mundo cristiano. En el oriental siguen coexistiendo y entremezclándose todos los niveles de conciencia religiosa y todas las variedades de la fe. Para los orientales no son elementos antagónicos y exclu-yentes, sino que forman parte de las distintas fases en la evolución de la conciencia religio-sa.
Un mito de la filosofía occidental ha sido el mito de su pretendida ausencia de mitos.
El pensamiento de Occidente considera que su quehacer filosófico tiene una dimensión uni-versal, y creen que la filosofía es una perspectiva característica del mundo occidental. El intento de generalizar los paradigmas conceptuales y sus productos ha sido contraprodu-cente, pues ha alejado al mundo occidental del conocimiento de otras formas de construir la realidad que no les eran familiares. Y que le han servido para corroborar su sentimiento de superioridad. El lenguaje es para las sabidurías orientales, la vía menos adecuada para captar y expresar la verdad. No es raro encontrar opiniones que afirman que la filosofía oriental no tiene categoría suficiente para ser puesta junto a la europea. Así, Chevalier afirma que el pensamiento griego suministró al pensamiento humano todos los conceptos fundamentales y que el pensamiento indio jamás llegó a expresarse en una doctrina racio-nalmente satisfactoria, o que del pensamiento chino no salió ninguna adquisición perma-nente para el pensamiento humano.
Hegel fue uno de los filósofos que contribuyó a extender la idea de que de la India no había habido filosofía ya que les faltaba el contacto íntimo, renovado y fructífero con las progre-sistas ciencias naturales. Masson-Oursel se niega a admitir que los sistemas orientales sean estrictamente filosofías.

En contra de estas opiniones hay otras que no dudan de hablar de filosofía cuando se refie-ren en sus obras al pensamiento de la India y China.
Semejanzas y diferencias

El célebre símil de la caverna de Platón recuerda la doctrina de la ilusión de los Upanishad «llevadme del no-ser al ser, de la tiniebla a la luz». Llama, también la atención la semejan-za entre las castas de la India: sacerdotes, guerreros, agricultores, comerciantes y servido-res, y la división de la ciudad ideal de Platón en guardianes gobernantes, auxiliares, labra-dores y artesanos.
Sorprende la similitud entre las parábolas y los milagros budistas y cristianos. El Jataka 190 cuenta la historia del piadoso discípulo que camina sobre el agua mientras tiene una fe cie-ga en Buddha, pero empieza a hundirse cuando su éxtasis decae. Müller dice que el cami-nar sobre las aguas no es una historia infrecuente; pero el sostenerse en virtud de la fe y hundirse por la falta de ella sólo puede explicarse por un contacto histórico y una transfe-rencia. En el texto budista conocido como Sutra del Loto se encuentra una parábola similar con la del Hijo Pródigo.
Correspondencia similar se encuentra en la historia espiritual de la India y Grecia en la doc-trina de la trasmigración o metempsicosis, que surge en ambos ámbitos casi al mismo tiempo: en la India entre el 800 y 600 a.C. y en Grecia alrededor del 500 a.C.- el filósofo Empédocles, del siglo V a.C. mantuvo relaciones con el orfismo y la creencia en la metemp-sicosis, sosteniendo ciertas ideas de gran parecido con las de Kapila, artífice del Sâmkhya . También aceptó dicha teoría Pitágoras y Platón.
La filosofía occidental se ha encaminado hacia intereses teórico-especulativos. Intenta pre-sentar una teoría cósmica, poniendo en evidencia la naturaleza, el alma y la divinidad. En el subconsciente, sin embargo la filosofía emanó de necesidades prácticas.
Otra importante diferencia entre pensamiento indio y occidental es que mientras este ha vivido de un concepto unívoco de la verdad, y por lo mismo excluyente (si una doctrina es verdadera, la contraria necesariamente es falsa), resultado del cual han tenido lugar las luchas del cristianismo contra el Islam; en la India, por el contrario, el concepto de riqueza de la verdad ha admitido diferentes interpretaciones y matices con la conciencia de que todas ellas eran limitadas y siempre susceptibles de mejorar. Consecuencia de este concep-to generoso de verdad son los seis sistemas ortodoxos indios que siendo opuestos entre sí son considerados conocimientos trascendentes. A pesar de sus diferencias los sistemas comparten las siguientes ideas:

  • Los instrumentos del conocimiento válido
  • La realidad y la inmortalidad del alma.
  • La creencia en la autoridad de los Veda.
  • La disciplina ética.
  • La trasmigración.
  • La ley del karma.
  • El ideal de liberación.
Por su parte Occidente no ha desarrollado ninguna concepción metafísica que haya tenido desde la Antigüedad hasta el momento una aceptación fuera de toda duda, sólo los pensa-dores cristianos tienen una concepción básica unitaria.

Influjo, convergencias e intercambios

El pensamiento occidental y oriental han sido comparados con frecuencia entre sí.
En algunas ocasiones se ponía de relieve paralelos para constatar que el ser humano, a causa de las mismas necesidades, ha llegado en las épocas más distintas a creencias pare-cidas. En la historia del pensamiento hindú se encuentran más o menos todas las fórmulas y formas que nos son familiares por la historia del pensamiento occidental. Lo que no es posible es hallar cada pensamiento de la India en Occidente o viceversa. Lo importante, según Eliade, no es la identidad de la terminología filosófica: basta con que los problemas sean homólogos.
Tucci afirma: son dos caminos paralelos. Llevado por el misterio que el hombre descubre a su alrededor, estimulado por las ansias de aclararlo, las corrientes se encuentran con mu-cha frecuencia, porque son idénticos los problemas que surgen ante nuestra mente.
La pregunta sería, entonces, si estas concomitancias no serían algo más que por azar y si no tendrían que ver con determinadas leyes internas. Podíamos preguntarnos, entonces, si el pensamiento indio, en lo que concierne a su evolución histórica, puede ser puesto en pa-ralelo con el occidental. Las teorías más arcaicas aparecen en la literatura védica, donde aparece una visión del universo enraizada en el pensamiento mítico y que contempla una pluralidad de seres. Esta forma primitiva del pensamiento impera asimismo en Occidente en los inicios de la reflexión.
Otra interesante coincidencia, tanto en Grecia como en la India, es que no hay una tajante distinción entre materia y espíritu. Es, a partir de Anaxágoras, s. V a.C. y con el jainismo en la India, cuando comienza a manifestarse dicha diferenciación. Pitágoras, Sócrates y Dióge-nes, coincidían en diversos aspectos de sus doctrinas con los pensadores del subcontinente. A pesar de sus lejanías geográficas, los griegos podían descubrir entre los indios más seme-janzas culturales profundas que entre los egipcios o los hebreos. Está fuera de toda duda de que algunos pensadores griegos participaban de ideas mantenidas por pensadores de la India, como la doctrina de la metempsicosis (la concepción de la vida como un proceso cí-clico en que las almas pasan de un cuerpo a otro. Es una deducción natural de los pueblos primitivos ante los fenómenos del nacimiento y la muerte).
Algunos investigadores han llegado a concretar un sinfín de analogías y líneas de conver-gencia. Pero de ningún pensador griego se ha asegurado con frecuencia y sin ningún géne-ro de dudas que sufriera influencias del pensamiento indio como Pitágoras. Para este, la auténtica sabiduría sólo se puede lograr tras penetrar las puertas del mundo de ultratumba. Para el budismo, el individuo ha de morir a cualquier tipo de existencia, apagar la llama del deseo. Al igual que Buddha creó el Sangha (comunidad monacal), Pitágoras instauró una comunidad. A pesar de todo no se puede hablar de dependencia por parte de los griegos frente a los indios o viceversa.
La polémica sobre si Grecia o la India fueron la patria originaria de la filosofía, es antigua. En el II d.C., Luciano de Samosata hace que la diosa de la filosofía le diga a Zeus que ella se dirigió en primer lugar a la India. Opiniones distintas dice Diógenes o el filósofo francés Chevalier: los griegos recibieron de los pueblos de oriente los elementos de una técnica y de una ciencia que habrían de servir de materiales para la edificación del saber humano.
Opiniones distintas son las de Córdoba: nuestra cultura no nace con el pensamiento griego y la literatura bíblica. Guenón afirma: el occidente ha vivido intelectualmente de préstamos hechos del Oriente. Conze: si separamos los elementos orientales de la filosofía griega, si quitamos a Jesucristo, San Pablo, Dionisio el Areopagita, y el pensamiento árabe, todo el pensamiento espiritual europeo de los últimos dos mil años resulta inimaginable.
Ha habido determinadas concepciones orientales que han influido en algunos filósofos occi-dentales: Schopenhauer, Leibniz, Karl Jaspers.